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Del amor y otras adicciones: ¿acertado publirreportaje o hermosa historia de amor?

Publicado el 18 de mayo de 2011 en CRÍTICAS, ESTRENOS.

Love & Other Drugs es una película con un encanto innato. Novedosa, divertida, romántica y dramática. Elementos más que  suficientes para atrapar y conmover a la audiencia. Pero, curiosamente, el éxito de la última cinta de Edward Zwick, es también su defecto. ¿Por qué? A continuación nos tomamos unos barbitúricos y la analizamos.

El principal defecto de este largometraje es su guión. Charles Randolph, encargado de su elaboración, mete la pata y, en su afán de contar una historia divertida, dramática y con un toque inteligente, crea dos tramas paralelas pero a ninguna ellas les da la importancia necesaria, perdiendo ambas, inevitablemente, fuerza.

La primera historia trata sobre Jamie –Jake Gyllenhaal-, un seductor irresistible y dueño de una retórica aplastante que vende productos farmaceúticos. ¿Su obsesión? Hacer dinero a cualquier precio; sea conquistando a recepcionistas de importantes clínicas o robando productos de la competencia. Historia de un típico businessman sin escrúpulos y que pasará por encima de quien sea con el fin de conseguir sus objetivos. A lo Gordon Gekko, más claro.

La segunda historia, en cambio, es conmovedora y romántica. Maggie –Anne Hathaway-, es una mujer independiente y solitaria que padece una enfermedad degenerativa. Ella, en sus permanentes visitas a los doctores, conoce a Jamie. Después del respectivo flirteo entre ambos, la relación trasciende y a partir de ahí se desarrolla una serie de problemas a consecuencia de la enfermedad de Maggie. Típica comedia dramática un pelín inteligente. Precisamente esta virtud convierte a Love & Other Drugs en un filme superior a las de su género.

Otra cualidad son sus actores. Gyllenhall y Hathaway están brillantes. Ellos elevan la calidad final de este producto alucinógeno con actuaciones creíbles y muy carismáticas. Además, el director, Edward Zwick, logra manejar con indiscutible talento el filme sin desmayar en el intento. Sus anteriores producciones como Yo soy Sam, Traffic o El último Samurai prueban su capacidad detrás de la cámara.

De amor y otras adicciones es un pasable coctel, mezcla de un voraz publirreportaje -pocas veces visto en el cine, por su magnitud- y una sentimental historia de amor, que te dura poco menos de dos horas. Luego el efecto adictivo desaparece y la olvidas.

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