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Explorando las emociones más viscerales: ‘Rabia’.

Publicado el 04 de noviembre de 2010 en CINE NACIONAL, CRÍTICAS.

Celos/Confianza; Violencia/Paz;  Ansiedad/Sosiego o Amor/Odio. Los opuestos se atraen y complementan, no hay duda. Sebastián Cordero explora, con rigor, estas emociones en su última película, ‘Rabia. Esta dualidad de sentimientos se hacen presentes desde las primeras escenas con una efectividad pasmosa.

Un apasionado José María –Gustavo Sánchez Parra– bromea con su novia Rosa –Martina García-. Se muestran cómplices, íntimos, inseparables. Después, el protagonista sufre un cambio rotundo: revela su lado más irracional,  más visceral contra una sociedad ajena y hasta un tanto excluyente. Así empieza ‘Rabia’, la historia de un amor imposible.

¿Hasta qué punto se pueden reprimir estas reacciones tan intensas? Reacciones que todos las tenemos; unos, como el protagonista, muy a flor de piel y otros, en cambio, refugiadas en lo profundo del subconsciente pero que, a fin de cuentas, en algún momento salen a flote. Precisamente, en estas similitudes radica el éxito de este thriller psicológico con el que más de uno, seguramente, se sentirá identificado.

En otro ataque de rabia, José María ataca y mata a su capataz. Nuevamente el poder incontrolable de lo visceral se hace presente. Cordero sigue jugando con su cámara y nos introduce a la mansión de los Torres, lugar donde se refugia el protagonista para esconderse de la Policía. A partir de aquí, seremos testigos -y hasta cómplices- del aislamiento que sufre Jose María, personaje que irá pagando en vida los errores que cometió, purgando la culpa como si de un alma errante se tratara.

¿Es posible un amor tan ambigüo, complejo y extremista posible? ¿De qué cosas somos capaces los humanos por amor? ¿Se puede justificar un asesinato por este noble sentimiento? El director plantea estas interrogantes a lo largo de la película. Para el protagonista, que carga con todo el peso de la cinta sin que éste le haga tambalear en ningún momento, parece estar más que justificado cualquier reacción con el objetivo de defender lo que es suyo, lo que le pertenece, lo que ama.

Al final, José María da la impresión de que se convirtió en un animal. Dejó de ser humano pero aún mantiene ciertas características: aún se conmueve por las cosas buenas que le ofrece el mundo; en su caso, su novia Rosa. Y así, parece ser cierto aquello de que la esperanza es lo último que se pierde. Lo último que muere.

 

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