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‘Ratas, ratones y rateros’: El primer clásico del cine ecuatoriano.

Publicado el 23 de septiembre de 2010 en CINE NACIONAL.

A propósito del lanzamiento del libro conmemorativo por los diez años de la película Ratas, ratones y rateros y de su re-estreno en algunas salas de cine del país –véase OchoyMedio– decidí volver a ver la cinta que catapultó a Sebastian Cordero a la palestra del cine nacional e internacional. Por lo menos a nivel de habla hispana.

En realidad, la primera vez que la ví, hace algunos años ya, no supe valorarla dado mi nulo conocimiento e interés en el tema. Esta ocasión fue diferente.

Tanto, que al finalizar la película surgieron unas cuantas preguntas. La más relevante tiene que ver con el éxito conseguido del – en ese entonce- novel cineasta que ya apuntaba maneras.  ¿Cómo explicar ese rotundo éxito?

Tal consecución quizá se deba a diversos factores. El primero: el acertado guión que incluía, a diferencia de los antecedentes cinematográficos del país con producciones relativas al indigenismo, una parte mayoritaria de la población: los mestizos. Con ello se aseguraba la sensación de cercanía del espectador con el filme.

Segundo: el contexto. La convulsión política, económica y social que vivía en esa época (1999) el país se reflejaba a la perfección en el largometraje. Cualquier coincidencia con la realidad, no fue pura casualidad.

Tercero: viene relacionado con el punto anterior. La inclusión de ciertos comportamientos y conductas del ecuatoriano común.

Por ejemplo, la escena en que Salvador y su amigo Marlon estafan a un incauto chofer:

-Oiga jefe, ¿le consigo el tapacubo que le falta?

-No, para que me vuelvan a robar. No hijito.

– […] Además le voy a dar bien barato. y no es robado.

– ¿A ver cuánto?

– Ochenta lucas, no más.

-¡Uhh! […] ¡Ya Cincuenta! Ni para vos ni para mí.

– Ya, qué mas toca.

-[…] ¡Ah, está bacán! Igualito a uno que tenía.

La viveza criolla, tan peculiar y recurrente en nosotros. Así como la corrupción a pequeña o gran escala. Desde el más pequeño ratón -Salvador- hasta la rata más grande -el Estado y sus instituciones-.

 

Por otra parte, otra cuestión que me llamó la atención es el juego metafórico que imprime Cordero al filme. Empezando con los nombres.

Salvador y Ángel, nombres irónicos para los 2 personajes protagonistas. El primero poco tiene de salvador. Todo lo contrario. Necesita que lo salven. Que le echen una mano.  Necesita redimirse por todo lo malo que ha hecho.

El otro, Ángel, guía y seduce a Salvador hacia el pecado. Hacia la fruta prohibida. Es la representación del ángel caído.

Por último, destacar la banda sonora de la película. Atinadísima. Crucks Encarnak se lleva casi todo el mérito. Con justicia.

Me olvidaba un dato curioso. Sebastian Cordero hace un breve cameo en su ópera prima. Su personaje es un gringo que es asaltado por Salvador en la terminal terrestre de Guayaquil.

Sin duda, Ratas, ratones y rateros es ya un clásico de la historia cinematográfica del país. Ésta impulsó significativamente el aparecimiento de otros tantos cineastas. ¿Y él? Bueno él es un tema aparte. Sigue asombrando a propios y extraños. ¿Lo último? Su designación como miembro jurado (Presidente) del 58 Festival de Cine en San Sebastián – España.

 

 

 

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